La ciudad de los 400 mil cursos

Por Manu Herrera

manuherrera@7talleres.com

En la Ciudad de México vivimos casi 9 millones de personas, pero difícilmente convivimos con más de un centenar, al menos que seas López Obrador o profesor de la UNAM. Esa convivencia cotidiana, como trabajador del gobierno o investigador del Poli, cajero de un banco o académico de la UAM, es la que mantiene cuerdos o felices a muchos, y locos o infelices a otro tanto. Y ser godín en la capital es una cosa tan triste como perder la tarjeta para entrar al Metro y no tener 5 pesos para comprar un pinche boleto: normalmente el policía que regentea los torniquetes del sistema de transporte colectivo ni te voltea a ver cuando le pides, por favor, que te deje entrar gratis: hagan la prueba. Ah, y ni se te ocurra llevar carrito de bebé: nunca te abren la puerta los hijos de Sánchez. “Vuélalo”, te dicen.

En la capirucha existen (existimos) cientos de miles, o millones, de personas que no quieren abrir los ojos para ver la realidad: desempleo, enfermedad, desesperanza, contaminación, soledad… No vivimos en una ciudad amable, aunque hay mucha gente bonita. No vivimos en una ciudad feliz, aunque hay mucha solidaridad: con terremotos y sin terremotos. Hay secuestros en la UACM, robos en la Ibero, plagios en el Tec, quesadillas en la UVM. Mucha gente bonita. Y Los Ángeles Azules son la onda, pero no en Iztapalapa. Es decir, entre esos 9 millones de personas hay muchas posibilidades de ser un capitalino enfermo, insatisfecho, incompleto, frustrado, alcohólico, drogadicto, coleccionisto de boletos de Trolebús, o desempleado… y lo mismo pero en su versión femenina: enferma, insatisfecha, incompleta, frustrada, alcohólica, drogadicta, coleccionista de boletos de Trolebús, o desempleada. Ah, y lo mismo en sus versiones lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual. Todo mal, pues.

Y esa es la razón, además del desempleo, la enfermedad y la desesperanza, de que much@s capitalin@s estén tomando sus garras, sus cinco pesos, su perro y su perico, y se vayan a Querétaro, a Puebla o a Veracruz, a iniciar una nueva vida, desde cero, y a hacer lo que realmente les gusta, porque esta ciudad los estaba asfixiando, coartando, lastimando, chingando, pues. Yo también lo haré en su momento, se los juro.

El secreto para entrar gratis al Metro

Los que vivimos en la Ciudad de México tenemos un secreto para sobrevivir, y para entrar gratis al Metro, y para no sentirnos solos, y para estar sanos, y para no perder la esperanza: de veras. Si el poli no los deja pasar más allá de los torniquetes, y además los ve feo, no le deseen mal, párense a un lado de los torniquetes, carrespeen con suavidad, y al primero o primera que vean a punto de pasar por los torniquetes, pídanle, por su madrecita, que les regale un boleto, díganle que los acaban de asaltar, o que perdieron su billetera, o que son tan pendejos (ustedes, ustedas) que olvidaron su tarjeta del Metro y no están aconstumbrad@s a cargar cash… y listo: pasarán como por arte de magia. Hay mucha gente bonita. El secreto es hacer comunidad, hablarle al desconocido, saludarle, convivir, confiar un poco, un mucho, dar, recibir… Sí, lo sé, no siempre funciona. A mí me han asaltado como 400 veces en la ciudad.

¿Para lo demás? ¿Para estar sanos? ¿Para no sentirse solos? ¿Para aprender inglés o computación? ¿Para hacer yoga o saber de alta magia? ¿Para subir al Nevado de Toluca o al Pico de Orizaba? ¿Para hacer pan de muerto o cupcakes? ¿Para preparar y activar velas de magia blanca, negra y azulada? ¿Para aprender a dibujar o correr maratones? ¿Para automaquillarse o pintarse las uñas? ¿Para esculpir o hacer amarres al amado? ¿Para saber de marketing digital o cuidar perros y orquídeas? ¿Para curarse de enfermedades visibles e invisibles? ¿Para conocer tu ángel de la guarda o leer el tarot? ¿Para saber de feminismo y de alquimia electoral? ¿Para hacer gomitas medicinales y saber de primeros auxilios para mascotas? ¿Para acabar con la tristeza por la muerte del padre o de la madre? ¿Para terminar la tesis? ¿Para aprender a escribir como la gente normal? ¿Para elaborar jabones y pomadas? ¿Para ya nunca votar por AMLO?

Sí, para todo lo anterior hay muchas respuestas, que permiten seguir viviendo con esperanza, y sin aburrirse demasiado: unas respuestas son grises y raras, otras sabias y expertas; unas son oportunistas y tontas, otras precisas e inteligentes… para escoger, pues, porque la Ciudad de México es la ciudad de los 400 mil talleres y cursos. Cursos que dan expertos o aprendices, ambiciosos o solidarios. Cursos que dan mujeres para mujeres, cursos especiales para niños o ancianos. Cursos en línea (terribles, a mi parecer, pues deseamos el contacto humano, la calidez, la cercanía). Es como me decía un amigo: en la Ciudad de México levantas una piedra, y encuentras un curso de guitarra. Levantas otra, y hay un curso de feng shui…

El primer curso de 7Talleres. Saberes y Quehaceres

Por las fechas en que nace este proyecto, el primer curso que impartimos fue de cómo hacer pan de muerto. Doce personas se divirtieron y aprendieron, entre ellas dos jóvenes que se plantearon la idea (¡se los juro!) de no ser astronautas y mejor montar una panadería para comer pan todo el día. Otra más, una mujer adulta con parálisis cerebral, convivió con gente desconocida que le abrió su corazón en total confianza, amistad y solidaridad. Así que, como dice El Chicharito: imaginemos cosas chingonas. Todos nos lo merecemos.

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